A veces cuesta separar la ficción apocalíptica de la distópica, y estas de la especulativa. Todas ellas pretenden alertar sobre los peligros del presente y por eso, son fácilmente interpretables como géneros conservadores por definición. Estas generalizaciones no están exentas de peligro, porque al final, todo edificio, por sólido que parezca (forma, estructura, tópico, cliché), tiene grietas y rendijas por donde se cuelan tendencias de todo tipo, incluso las más transgresoras.
Ocurre con Un sollozo del fin del mundo, la nueva novela de Matías Escalera, cuyo planteamiento no solo trasciende su propio género, también nos provee de un hipotético mapa de territorios desconocidos, situados entre el presente histórico y el incierto futuro, angustiante y paralizante por las expectativas terribles que contaminan nuestra capacidad para la imaginación y la esperanza.
Pero el objetivo del escritor no es el tiempo. Ni absolver el presente ni condenar el futuro (y viceversa). Su objetivo es el ser humano en sus múltiples dimensiones, personal, social, política, con una mirada cuyo compromiso exige el rigor necesario para el análisis exhaustivo de una realidad cada vez más compleja. Así, el futuro distópico resulta tan verosímil, te sientes al leer la novela tan apegado a la historia desplegada, que a ratos resulta más aterradora que la más sangrante de las ficciones apocalípticas.
Es ahí donde reside su potencial transgresor, porque la servidumbre voluntaria, propia de las democracias liberales, que da lugar a la indiferencia y el conformismo, es la consecuencia de un miedo escondido, disfrazado de impotencia, de condescendencia, a veces incluso de deseo. De ahí la famosa imagen de Walter Benjamin, la humanidad viendo su propia destrucción como un goce estético.
Matías Escalera consigue revelar ese miedo, consigue hacernos conscientes a través de una narración que nos adentra en los peligros del presente como solo el arte puede hacerlo. Cuando somos conscientes de nuestro miedo podemos escondernos o confrontarlo, y en esa segunda opción radica la posibilidad de esperanza.
Un sollozo del fin del mundo nos coloca en esta encrucijada, un reflejo de la encrucijada moral en la que se encuentran los dos protagonistas, el policía trans Viktor Klein, cuyos principios son puestos a prueba por la corrupción política, y Saúl Bochum, técnico en un proyecto de colonización del espacio dispuesto a proteger el cosmos del afán destructivo de la humanidad.
Matías Escalera recurre a todas las herramientas que la literatura pone a su alcance, escogiendo las más indicadas para aquello que finalmente logra, hacernos comprender que después del miedo y la conciencia, se abre, para la humanidad, una puerta a la esperanza.