23 de junio de 2025

Lo que se puede decir y lo que no de La casa al final de Needless Street

Escribir sobre La casa al final de Needless Street, de Catriona Ward, es como caminar por un campo minado. La originalidad, el impacto y el interés de la obra, dependen de aquellos elementos de la trama que no pueden ser destripados en una reseña, si no se quiere hurtar al lector los efectos que provocan.

Se trata de una novela de terror gótico de una intensidad desbordante, con esa prosa densa y fluida a la vez, propia de las mejores obras de literatura popular. Sorprende la tristeza profunda deslizándose entre cada frase, como si todos los lugares comunes del género nos advirtieran de un secreto oculto, la promesa de un horror inesperado, una verdad más y más oscura después de cada una de los giros narrativos que componen un edificio de una solidez poco común.

Pero tratándose de una novela de éxito publicada en 2021 y con algunos premios a sus espaldas, todo eso tal vez se haya dicho ya. Más allá del terror gótico o del thriller, etiqueta tal vez más adecuada, encontramos una novela de personajes. Tres personajes, concretamente, habitantes de la casa, entre ellos una gata, cuyas voces articulan el relato. El cuarto personaje, narrado en tercera persona, sirve de catalizador, dinamita la normalidad del resto precipitando el desarrollo del drama.

Uno de los temas alrededor del cual se conjugan todos estos elementos, es la violencia en las relaciones humanas, y se trata, sin duda, de una novela con una gran cantidad de violencia. La tristeza que rezuman sus páginas sale precisamente de ahí, de una violencia a veces inevitable, a veces oculta, a veces estructural, a veces auto infligida (y todas las variables presentes en el complejo mundo en el que vivimos).

Pese a esta complejidad, la violencia suele tener un sujeto y un objeto, es decir, un perpetrador y una víctima. Reflexionar sobre la violencia como fenómeno humano y social, implica reflexionar también sobre sus protagonistas. El camino que toma esta reflexión en la novela de Catriona Ward, constituye un de sus principales aciertos, pues el trasfondo humano y social se conjuga con uno de los clásicos elementos del género: el “monstruo”.

La casa al final de Needless Street es el retrato de un monstro, cuyos vericuetos nos llevarán a un final sorprendente, tan sorprendente que, de revelarlo aquí, cambiaría totalmente la percepción del lector, o lectora, decididos a abordar la novela.

El monstruo es una figura recurrente del género de terror, también del thriller, me atrevería a decir. Funciona como metáfora del mal, como encarnación de las fuerzas diabólicas ocultas, o latentes, en el ser humano y en el mundo, o como manifestación de los miedos a los que tenemos que enfrentarnos en nuestro día a día.

A los niños y niñas normalmente se les dice que los monstros no existen, con la idea de mitigar los abundantes miedos infantiles. De la misma manera, padres y madres afirman ante cualquier contingencia que todo saldrá bien, para mantener intacta la seguridad de sus retoños, ajenos a los peligros del mundo. La crianza está repleta de ficciones.

El monstruo en el thriller cumple una función inversa. Personifica toda la maldad del mundo, un único individuo monstruoso representa el mal que nos acecha en la oscuridad, dejando la sociedad, nuestro entorno cotidiano, libre de toda sospecha. La novela negra, a veces, va por otro camino. James Ellroy afirma que su escritura es como encender la luz del trastero de la sociedad, donde se oculta en las sombras todo lo prohibido, lo podrido, lo desechado o desechable. Crimen, corrupción, avaricia, maldad.

Ni todos los thrillers tienen monstruo, ni toda novela negra entraña crítica social. Ambos géneros, además, suelen solaparse e hibridarse. El interés de La casa al final de Needless Street, estriba, precisamente, en la reflexión que plantea sobre la figura del monstruo, sean estos de ficción o reales, trasgrediendo los tópicos de los géneros para contarnos, al final, una historia inesperada que sacude nuestro entendimiento.

Tal vez habrá quien lo sienta como un engaño. Catriona Ward ha decidido correr ese riesgo para convertir su novela en algo más que un thriller gótico, sin dejar de serlo en ningún momento.